1930 (26 de septiembre): El giro de la Internacional Comunista y la situación en Alemania
5. ¿Vuelta al "segundo" período o, una
vez más, hacia el "tercer" período?
Si se adopta la terminología oficial del centrismo, hay que formular el problema de la manera siguiente. La dirección de la Internacional Comunista ha impuesto a las secciones nacionales la táctica del "tercer período", es decir, la táctica del levantamiento revolucionario inmediato, en una época (1928) que se caracterizaba esencialmente por los rasgos del "segundo período": estabilización de la burguesía, reflujo y declive de la revolución. El giro operado en 1930 marcó el rechazo de la táctica del "tercer período" y un retorno a la táctica del "segundo período". Cuando este giro se iba abriendo camino en el aparato burocrático, síntomas muy importantes testimoniaban muy claramente, al menos en Alemania, el acercamiento efectivo del "tercer período". ¿No prueba esto la necesidad de un nuevo giro hacia la táctica del "tercer período", que acaba de ser abandonada?
Recurrimos a estos términos para hacer más accesible el enunciado del problema a aquellos cuya conciencia está obstruida por la metodología y la terminología de la burocracia centrista. Pero en ningún caso hacemos nuestra esta terminología que enmascara la combinación del burocratismo stalinista con la metafísica bujariana. Rechazamos la concepción apocalíptica del "tercer" período como último: su número hasta la victoria del proletariado es un problema de correlación de fuerzas y de cambios en la situación; todo esto no puede ser verificado más que a través de la acción. Pero rechazamos la esencia misma del esquematismo estratégico, con sus períodos numerados. No existe ninguna táctica abstracta, preparada de antemano, ya sea para el "segundo" o para el "tercer" período. Naturalmente, no se puede llegar a la victoria y la conquista del poder sin un levantamiento armado. Pero ¿cómo llegar al levantamiento? Los métodos y el ritmo de la movilización de las masas no solamente dependen de la situación objetiva en general, sino también y sobre todo del estado en el que se encuentre el proletariado al comienzo de la crisis social en el país, de las relaciones entre el partido y la clase, entre el proletariado y la pequeña burguesía, etc. El estado del proletariado a la entrada del "tercer período" depende a su vez de la táctica aplicada por el partido en el período precedente.
El giro táctico normal y natural, correspondiente al cambio actual de la situación en Alemania, habría debido ser una aceleración del ritmo, una progresión de las consignas y de las formas de lucha. Pero este giro táctico no habría sido normal y natural más que si el ritmo y las consignas de lucha de ayer hubieran correspondido a las condiciones del período precedente. Pero no podía ser así. La contradicción aguda entre la política ultraizquierdista y la estabilización de la situación es una de las causas del giro táctico. Es por lo que, en el momento en que el nuevo giro de la situación objetiva, paralelamente al reagrupamiento general desfavorable de las fuerzas políticas, ha aportado al comunismo un aumento importante de votos, el partido se ha mostrado estratégica y tácticamente más desorientado, embarazado y desviado de lo que jamás había estado.
Para explicar la contradicción en la que ha caído el partido comunista alemán, como la mayoría de las otras secciones de la Internacional Comunista, pero mucho más profundamente que ellas, tomemos la comparación más sencilla. Para saltar una barrera, más importante es comenzar a correr a tiempo, ni demasiado tarde ni demasiado pronto, para llegar al obstáculo con la fuerza necesaria. Sin embargo, desde febrero de 1928, y sobre todo desde junio de 1929, el partido comunista alemán no hace más que tomar impulso. No hay nada de asombroso en que el partido haya comenzado a sofocarse y a arrastrar las piernas. La Internacional Comunista dio por fin una orden: "¡Más despacio!" Pero apenas el partido, sin aliento, había vuelto a lograr un ritmo más normal, apareció ante él una barrera no imaginaria, muy real, que presentaba el riesgo de exigir un salto revolucionario. ¿Sería suficiente la distancia para tomar impulso? ¿Habría que renunciar al giro y hacer un contragiro? -ésas son las cuestiones estratégicas y tácticas que se le presentan al partido alemán con toda su agudeza.
Para que los cuadros dirigentes del partido puedan encontrar una respuesta correcta a estas preguntas, deben tener la posibilidad de apreciar el camino a seguir, en relación con el análisis de la estrategia de los últimos años y de sus consecuencias, tal como ha aparecido en las elecciones. Si, contrapesando esto, la burocracia lograse con sus gritos de victoria ahogar la voz de la autocrítica política, el proletariado sería inevitablemente arrastrado a una catástrofe más espantosa que la de 1923.
Las posibles variantes del desarrollo posterior.
La situación revolucionaria, que plantea al proletariado el problema inmediato de la toma de poder, está compuesta de elementos objetivos y subjetivos que están ligados entre sí y se condicionan mutuamente en gran medida. Pero esta interdependencia es relativa. La ley del desarrollo desigual también se aplica totalmente a los factores de la situación revolucionaria. El desarrollo insuficiente de uno de ellos puede conducir a la alternativa siguiente: o bien la situación revolucionaria no llegara siquiera a la explosión y será reabsorbida, o bien, llegando a la explosión, terminará con la derrota de la clase revolucionaria. ¿Cuál es, en este sentido, la situación en Alemania hoy?
Dicho de otra forma, estamos en presencia de las condiciones objetivas fundamentales de la revolución proletaria; una de sus condiciones políticas existe (el estado de la clase dirigente); la otra condición política (el estado del proletariado) no hace más que comenzar a evolucionar en el sentido de la revolución, pero, por el peso de la herencia del pasado, no puede evolucionar rápidamente; en fin, la tercera condición política (el estado de la pequeña burguesía) se inclina no del lado de la revolución proletaria, sino de la contrarrevolución burguesa. Esta última condición no evolucionara en un sentido favorable más que si intervienen cambios radicales en el seno mismo del proletariado, es decir, si la socialdemocracia es liquidada políticamente.
Estamos confrontados así a una situación profundamente contradictoria. Algunos de sus componentes ponen a la orden del día la revolución proletaria; pero otros excluyen toda posibilidad de victoria en un período muy próximo, porque implican una profunda modificación previa de la correlación entre las fuerzas políticas.
Teóricamente, se pueden imaginar ciertas variantes en el desarrollo posterior de la situación actual en Alemania; estas variantes dependen tanto de las causas objetivas, entre ellas la política de los enemigos de clase, como de la actitud del mismo partido comunista. Indiquemos esquemáticamente cuatro variantes posibles de este desarrollo.
Sería completamente inútil intentar adivinar cuál de estas variantes tiene más probabilidades de realizarse en el próximo período. Es luchando, y no entregándose a conjeturas, como se resuelven las cuestiones de este tipo.
Una lucha ideológica implacable contra la dirección centrista de la Internacional Comunista es un elemento indispensable de este combate. Moscú ha dado ya la señal de una política de prestigio burocrático, que oculta los errores del pasado y prepara los errores de mañana con sus gritos hipócritas sobre el triunfo de la línea.
Exagerando de manera inverosímil la victoria del partido, minimizando de forma no menos inverosímil las dificultades e interpretando incluso el éxito de los fascistas como un factor positivo de la revolución proletaria, Pravda emite sin embargo una pequeña reserva: "Los éxitos del partido no deben hacerle perder la cabeza". La política pérfida de la dirección stalinista es aquí, una vez más, fiel a sí misma. El análisis de la situación se hace en el espíritu del ultraizquierdismo acrítico, lo que empuja conscientemente al partido por la vía del aventurismo. Al mismo tiempo, Stalin se prepara una coartada con la frase de ritual sobre "el vértigo del éxito". Es precisamente esta política de cortas miras y sin escrúpulos la que puede perder a la revolución alemana.